Día de nuestra bandera


Día de la Bandera a 200 años de su creación
Manuel Belgrano
(03/06/1770 - 20/06/1820)

Manuel Belgrano 
Político y militar argentino 



  • Nació el 3 de junio de 1770 en Buenos Aires (Argentina). Cursó estudios de Derecho en España. En el año 1794 pasa a ser secretario del Consulado de Buenos Aires, cargo desde el que fomentó firmemente la generalización de la enseñanza y las reformas económicas. 


En 1810 formó parte de los patriotas que pretendían la emancipación del dominio español en Argentina, y se convirtió en miembro de la Junta de Gobierno revolucionaria. Fue nombrado general, y pronto dirigió a las tropas independentistas frente a los realistas, logrando importantes victorias en las batallas de Tucumán (1812) y Salta (1813) frente a Juan Pío de Tristán y Moscoso

En los últimos meses de 1813, los españoles en el Alto Perú (ahora Bolivia) le vencieron, y en 1814 pasó el mando al general José de San Martín. Desde ese momento se dedicó a la diplomacia y a la mediación en las disputas políticas surgidas tras proclamarse la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata en el Congreso de Tucumán (1816). 1812. 

Ideó una escarapela con los colores celeste y blanco, como distintivo para los soldados. El 27 de febrero, con esos mismos colores, creó la bandera que más tarde fue adoptada como Bandera Nacional. El 20 de junio, aniversario de su fallecimiento (20 de junio de 1820), fue decretado "Día de la Bandera" como homenaje de la patria al creador de su emblema nacional.
Jura de la Bandera





Biografía
Intelectual, abogado, político, militar y revolucionario argentino, creador de la Bandera Nacional Argentina y de las primeras instituciones educativas y culturales. Manuel Belgrano nació en el seno de una familia acomodada, de padre comerciante italiano y madre criolla. Realizó sus primeros estudios en el Real 
Colegio de San Carlos, trasladándose con su hermano Francisco a España en 1789. Estudió leyes en Salamanca, Valladolid y Madrid, recibiéndose de abogado en la cancillería de Valladolid en 1793. Espectador de la Revolución Francesa (1789), Manuel Belgrano se ve envuelto por las ideas que se desprendían de la gesta: libertad, igualdad, seguridad, propiedad. En 1794 se crea el Consulado de Buenos Aires y es nombrado Secretario perpetuo, por lo que se traslada hacia su patria. Durante su gestión, Manuel Belgrano fundó la Escuela de Náutica y la Academia de Geometría y Dibujo, además de abogar por la creación de la Escuela de Comercio y la de Arquitectura y Perspectiva. Todas las escuelas fueron cerradas por orden de la Corona española en 1803, ya que prefería mantener a la población atrasada y dependiente de la metrópoli. En 1801 colabora con Francisco Cabello y Mesa en el "Telégrafo Mercantil", primer periódico del Río de la Plata. En 1806 se producen las primeras invasiones inglesas, participando de la fallida defensa de la ciudad, pasando poco tiempo después a la Banda Oriental. Manuel Belgrano fue uno de los mentores del Regimiento de Patricios, formado para defenderse de la próxima invasión, siendo electo Cornelio Saavedra como su comandante. Manuel Belgrano fue nombrado jefe de estado mayor, pero tiempo después volvió a hacerse cargo del Consulado hasta su renuncia en 1810, siendo uno de los principales dirigentes de la insurrección que se transformó en la Revolución de Mayo. Participó del cabildo abierto del 22 de mayo y el 25 fue elegido vocal de la Primera Junta de Gobierno. Aunque no era militar profesional, Manuel Belgrano fue nombrado general al mando del ejército libertador del Paraguay, siendo derrotado por tropas numéricamente muy superiores en la batalla de Paraguarí y en la batalla de Tacuarí. En 1812, Manuel Belgrano fue enviado a Rosario (Santa Fe), donde ideó una escarapela con los colores celeste y blanco como distintivo para los soldados y con esos mismos colores, creó la bandera que enarboló por primera vez el 27 de febrero a orillas del Río Paraná. A comienzos de 1815 abandona completamente sus funciones militares y es enviado a Europa, junto a Bernardino Rivadavia y Manuel de Sarratea, en funciones diplomáticas. Regresa a la Argentina en 1816 y desarrolla una ardua actividad política a favor de la independencia. Aquejado por una grave enfermedad, muere en Buenos Aires.

Frases
Ni la virtud ni los talentos tienen precio, ni pueden compensarse con dinero sin degradarlos.

Mucho me falta para ser un verdadero padre de la patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella.

Sirvo a la patria sin otro objeto que el de verla constituida, ése es el premio al que aspiro.

No es lo mismo vestir el uniforme militar, que serlo.

A quien procede con honradez, nada debe alterarle. He hecho cuanto he podido y jamás he faltado a mi palabra.

Bien puede pesarle a todos los demonios, pero en mí no tendrán jamás cabida.

Desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, la historia de los siglos y de los tiempos nos enseña cuánto aprecio han merecido todos aquéllos que han puesto el cimiento a alguna obra benéfica a la humanidad.

Deseo ardorosamente el mejoramiento de los pueblos. El bien público está en todos los instantes ante mi vida.

Deseo que todos sepan el bien para alegrarse, y el mal para remediarlo, si aman a su patria; así que nada oculto ni ocultaré jamás.

El honor y el premio son los resortes para que no se adormezca el espíritu del hombre.

El miedo sólo sirve para perderlo todo.

El modo de contener los delitos y fomentar las virtudes es castigar al delincuente y proteger al inocente.



No hallo medio entre salvar a la patria o morir con honor.

No busco el concepto de nadie, sino el de mi propia conciencia, que al fin es con la que vivo en todos los instantes y no quiero que me remuerda.

Ninguna cosa tiene su valor real, ni efectivo en sí mismo, sólo tiene el que nosotros le queremos dar; y éste se liga precisamente a la necesidad que tengamos en ella; a los medios de satisfacer esta inclinación; a los deseos de lograrla y a su escasez y abundancia.

Mis ideas no se apartan de la razón y justicia que concibo, ni jamás se han dirigido a formar partidos, ni seguirlos.





Manuel Belgrano




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